El Carnaval. Por Antonio Pirala

Este artículo sobre El Carnaval, fue publicado el día 8 de febrero del año 1853, en el número 5 de la 2ª Época de la revista, destinada al público femenino, El Correo de la Moda, su autor Antonio Pirala, firma habitual de la revista, en esta ocasión presentaba a sus lectoras las tradiciones de esta fiesta popular, comentando algunos de sus pormenores. Parece interesante recuperar este tipo de artículos con los que este tipo de revistas intentaba educar entreteniendo a las mujeres de la época. Se mantiene, como es habitual, la ortografía original.

Virginia Seguí

 

El Carnaval

Esta palabra, que entre las varias etimológias que la han dado, admitimos la que significa el adios á la carne, caro, vale, es repetida al mismo tiempo en casi todo el mundo.

El origen del carnaval es anterior al cristianismo, y se celebraba en todos los pueblos de la antigüedad. En Grecia, hombre y mugeres se cubrian el rostro con hojas, ó se le pintaban, y en Roma tenian lugar las célebres saturnales, en que el esclavo se vestia las ropas de si amo, comia con él, mandaba era obedecido. En todas partes ha sido y vá el carnaval acompañado de disfraces, extravagancias y locuras.

Pero la población en que  mayor fama adquirió el carnaval fue Venecia, cuyo pueblo oprimido por el mas tiránico despotismo, se entregaba á una completa bacanal, deseado respiro de su opresión. Milan y Roma imitaron alguno tanto á Venecia, pero no les igualaron.

Hoy ha quedado reducido el carnaval en todos estos puntos á una sombra de lo que fué.

En España se celebra extraordinariamente el carnaval; en tiempo de los romanos, y durante la dominacion de los árabes, y á su expulsión, estaban generalizadas estas fiestas, que fueron prohibidas en 1523 por Don Cárlos I y doña Juana. Pero no se observó rigurosamente esta prohibición, porque los vates posteriores nos hablan de esta clase de diversiones que debian celebrarse con escasa diferencia casi lo mismo que hoy. Moreto, Calderon y algunos otros se refieren á las máscaras en sus comedias, diciendo el primero en el Desden con el Desden:

 

Venid los galanes

A elegir las damas,

Que es carnestolendas

Amor se disfraza

En todos los pueblos de España se celebra el carnaval ruidosamente. Referir aquí los mas estraños y varios usos, seria tarea pesada, como pesadas son en verdad las costumbres de algunos. Ya lo es la de arrojarse huevos á la cara, la de remojar á uno y empolvarle en seguida de harina, la de recorrer los botargas las calles aturdiendo y exasperando al transeunte, la de poner mazas, rabos y ejecutar otros actos que escitan la hilaridad del que los vé, y el enojo del que lo sufre.

 

 

 

 

 

 

 

Madrid, desde que es córte, dice un escritor, ha tendido con ligeros intervalos de escepcion sus regocíjos durante los tres dias que preceden á los 40 de recojimiento y privaciones de la Cuaresma. Felipe IV se complació en proporcionar al pueblo de Madrid un carnaval alegre en 1637. Con noticia de la eleccion del rey de Hungría, su cuñado, para rey de los romanos, mandó que para el próximo carnaval se levantase en el Retiro una plaza de madera que pudiera contener muchos miles de personas. Tenia esta plaza 488 ventanas, y por la noches de iluminaba con 7000 luces: el 15 de Febrero, dias antes de carnestolendas, se estrenó, asistiendo toda la córte en trage de máscara, y los tres dias de carnaval estuvo abierta al público á condicion de que nadie entrara sin llevar careta.

 

Felipe V no fue del mismo buen humor que su antecesor en nombre, y prohibió los regocijos de carnaval, reducido desde mucho tiempo hacia á las máscaras públicas por calles y paseos.

Cárlos III permitió que volviesen las máscaras, y se introdujeron en el teatro los bailes en 1767, dándose una instrucción sobre el órden que habia de observarse, no dándose el menor motivo de desórden en todo el tiempo que duró esta libertad. Fernando VII las extinguió, y como la privación es siempre causa del apetito, cuando las permitió Cristina, se celebraron los dias de carnaval con todo el entusiasmo que pueda uno imaginarse, pues ni lo subido del precio de la entrada en los salones, ni lo caro de los trages, eran obstáculo para entregarse á esta diversión en que goza la muger de la autorizada libertad de decir con careta lo que sonaria mal sin ella.

El mismo afan con que se admitió el restablecimiento de los bailes de máscaras, ha hecho que produzca ese cansancio que hoy vemos, siendo el pueblo el único que en los tres dias de carnaval se entrega ansioso á la alegria, recorriendo con disfraces mas ó  menos ridículos las calles y paseos, prolongando el bullicio hasta el miercoles de ceniza.

Y estas fiestas, aunque son generales en toda España, en ninguna parte se celebran como en la capital, donde es permitido un disfraz completo, y donde multitud de vistosas y alegres comparsas, aun de jóvenes de la mas escogida sociedad, contribuyen á aumentar el regocijo de tales dias, que debemos considerar como un paréntesis de la vida, y olvidar que habitamos un valle de lágrimas para pensar que no es negada la alegria al corazon mas desgraciado.

A. Pirala

Anuncios
Esta entrada fue publicada en Arte, Literatura, Mujer, Periodismo, Sociología, Tradiciones. Guarda el enlace permanente.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s